Sección Argentina

Anexo 3: La perspectiva de género y la voz de periodistas y mujeres

El concepto de género

Es imposible abordar de manera integral el problema de la violencia contra las mujeres sin aplicar la perspectiva de género para su análisis.

Pero, ¿qué se entiende por género? Mientras que el sexo está determinado por características genéticas y anatómicas, el género es una identidad adquirida y aprendida, que varía ampliamente según construcciones culturales de ejercicio del poder que la sociedad asigna en forma distinta a hombres y mujeres.

Las personas nacen con un sexo biológico, diversidad accidental a la que, sin embargo, la sociedad ha otorgado una gran importancia, clasificando a los seres humanos y otorgándoles un status que marca a fuego el proceso de socialización, imponiendo la identificación con las supuestas cualidades y características que adornan a unas y otros.

Esta construcción del género comienza desde temprana edad: hombres y mujeres aprenden y refuerzan estereotipos sobre el dominio del hombre y el comportamiento violento masculino en las instituciones de enseñanza.

En su informe “Muy tarde, muy poco. Mujeres desprotegidas ante la violencia de género en Argentina, Prioridades de acción para el Estado argentino, Amnistía Internacional recuerda que “la discriminación de género se perpetúa mediante el comportamiento de los alumnos y alumnas entre sí, el comportamiento de los maestros y maestras hacia el alumnado, el trato que se dan los docentes entre sí y el trato de los alumnos y alumnas hacia los docentes, que a menudo incluye un comportamiento violento”.

Los estereotipos discriminatorios se refuerzan en la juventud y la madurez a través de formas de control perversas, impunidad frente al acoso sexual contra las mujeres, dominio de los espacios físicos, falta de protección oficial, discriminación laboral y salarial, sobrecarga de tareas en la economía reproductiva, etc. Desde las alumnas que son empujadas y golpeadas en las escuelas, pasando por el acoso sexual que sufren las jóvenes a manos de algunos empleadores cuando solicitan trabajo, hasta la mujer que soporta intimidaciones de distinto tipo por no realizar las “tareas del hogar” de conformidad a los “reclamos” de su compañero, esta desigual relación de poder entre los géneros se patentiza en todos los momentos de la vida y estratos sociales por donde transita una mujer.

El desequilibrio que sigue existiendo tanto en las instituciones estatales como en las empresas privadas y en el hogar, se manifiesta en numerosas circunstancias bajo formas más o menos solapadas de violencia contra las mujeres, tal como lo reconoce la Convención de Belém do Pará.

Ante esta realidad descrita, utilizar la perspectiva de género para abordar el flagelo de la violencia contra la mujer lleva a comprender que el crimen es el resultado de los intentos de la mujer por deshacerse de estas cadenas de dominación. Se trata de un enfoque sistémico, que pone en evidencia ideologías hasta hace poco ocultas bajo la excusa de las tradiciones y/o las creencias religiosas..

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