Sección Argentina

1.- Introducción

En Argentina

En lo que se refiere a Argentina, en el informe “Muy tarde, muy poco. Mujeres desprotegidas ante la violencia de género en Argentina. Prioridades de acción para el Estado argentino” (4), Amnistía Internacional describe exhaustivamente la ausencia de políticas oficiales coordinadas y efectivas tendientes a eliminar la discriminación de género en el sistema educativo, la inexistencia de una investigación y recopilación oficial de datos sobre violencia de género, la deficiente protección y ayuda a las víctimas, la dispar y a veces contradictoria legislación en las provincias, la desarticulación por falta de una coordinación nacional y el paupérrimo financiamiento a las áreas competentes, entre otras.

No hay espacios suficientes para atender a las víctimas; frente al aumento de las denuncias los equipos de atención resultan insuficientes y cuentan con escasos recursos y presupuestos; no existe seguimiento y monitoreo de los programas. A las mujeres en muchas ocasiones se les niega la igualdad de acceso a los derechos económicos y sociales; esto es, al trabajo o a una remuneración menor en comparación con los hombres-, lo que les dificulta obtener recursos para salir de la situación de violencia.

Las dificultades de las víctimas para acceder al derecho a la justicia son numerosas: deben ir, en algunos casos, de madrugada a los tribunales, hacer largas colas para conseguir un turno y la mayoría no conoce que es responsabilidad del Estado garantizarles patrocinio y asistencia jurídica gratuita. Inclusive, en ocasiones no se aceptan sus denuncias y se ponen en duda sus afirmaciones sobre el maltrato. Situación que revictimiza a las mujeres.

Estas graves falencias no sólo afectan a las mujeres víctimas, sino también indirectamente a la tarea periodística: un ejemplo cotidiano es la insuficiencia de estadísticas oficiales, investigaciones científicas y planificación centralizada, que conspiran contra la prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres en Argentina, privando a las y los periodistas de fuentes confiables para abordar adecuadamente esta problemática.

Amnistía Internacional (5) advierte que “la realidad es que no existen datos exhaustivos sobre la magnitud y las características de la violencia contra las mujeres en Argentina”, y recuerda que la investigación y recopilación de este tipo de datos, “entra dentro de la obligación del Estado de actuar con la diligencia debida”.

“Si no se conoce y registra cuándo, cómo y por qué se produce la violencia contra las mujeres, es imposible formular una respuesta efectiva basada en una evaluación del grado de difusión, las formas y la gravedad de dicha violencia”, agrega la organización, recordando que sin estos datos, tampoco es viable comprender el impacto de las posibles medidas.

En su trabajo “Ruta crítica de las mujeres afectadas por la violencia intrafamiliar en América Latina” (6) Montserrat Sagot dice que “la falta de registros, a su vez, lleva a diagnósticos, políticas de prevención y modelos de atención no adecuados para responder a las necesidades de las mujeres afectadas y a la complejidad y magnitud de la violencia”.

Lo cierto es que esta preocupante ausencia es suplida parcialmente mediante la árida y muchas veces fatigosa tarea de organizaciones sociales y periodistas de diferentes medios de comunicación, cuyos resultados deben ser valorados en tanto son la única fuente razonable de información sobre la mortalidad por violencia de género.

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