Sección Argentina

1.- Introducción

En Argentina, según el promedio de las estadísticas recopiladas por Amnistía Internacional durante el año 2008 (1), al menos una mujer muere víctima de la violencia machista cada tres días. Este feroz inventario coloca a los crímenes de género entre los más frecuentes, instala el flagelo de la violencia contra las mujeres como una violación a los derechos humanos de extrema gravedad y demanda acciones urgentes por parte del Estado.

Sin embargo, los medios de comunicación no siempre reflejan semejante realidad. La falta de criterios unívocos para el abordaje del problema, la discontinuidad en su cobertura, el tratamiento estereotipado y muchas veces sexista, conspiran contra su visibilidad y suman a la ausencia de políticas integrales del Estado, así como a la deserción de un importante sector del periodismo en su rol de formador de opinión y contralor de la función pública.

La enorme cantidad de mujeres que con coraje y entereza luchan día a día por sobrevivir a estas manifestaciones de violencia; el sufrimiento y las secuelas de las niñas, niños y adolescentes, hijas e hijos que son víctimas y testigos, y el accionar comprometido del movimiento de mujeres y del movimiento de derechos humanos, demandan a quienes deben visibilizar ante la sociedad sus reclamos una actitud solidaria y consecuente.

Siendo el ejercicio del periodismo ante todo una tarea de selección y jerarquización de hechos de la realidad para convertirlos en noticia, el rol del periodista es determinante para inducir pautas de reflexión, comportamiento y acción en la sociedad, por lo que su responsabilidad social es fundamental a la hora de procesar la información.

La violencia del hombre contra las mujeres se identifica con el maltrato físico, psicológico, sexual, simbólico y económico, tanto en espacios privados como públicos, que muchas veces termina en un asesinato y que se origina en el modelo cultural de supremacía masculina. Se diferencia de otras formas de violencia originadas en la discriminación (racial, religiosa, idiomática o por origen) por el vínculo que une a sus protagonistas, ya que en una enorme mayoría de casos, existen o han existido lazos afectivos entre victimario y víctima.

En Argentina, la violencia del hombre contra las mujeres ha quedado oculta en denominaciones como violencia familiar o doméstica,  confundiendo a la opinión pública y sirviendo de excusa para que las y los responsables políticos, las personas encargadas de aplicar justicia o generar legislación, no se comprometan con la intensidad que el momento requiere ante los asesinatos y el maltrato de mujeres en el país. Esta inacción y la confusión repercuten en la tarea del periodismo. De ahí que en la jerga periodística se siga hablando de “crimen pasional”, esto es, un “crimen por amor” o un “crimen por honor”.

No existen los crímenes por amor u honor. Existen los crímenes. Y esos crímenes no son personales o privados: la violencia contra las mujeres es un tema público. Por eso, es necesario valorar en su justa apreciación esta agresión, incorporando al glosario periodístico figuras que la definan, otorgándole visibilidad en su carácter específico: “violencia contra la mujer” o más acertado aún, “violencia de género”.

Es pertinente recordar en este punto que de acuerdo a la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará) (2), debe entenderse por violencia de género “cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”.

La causa subyacente de la violencia contra las mujeres es la discriminación, que les niega la igualdad respecto de los hombres en todos los aspectos de la vida. La violencia tiene su origen en la discriminación y a la vez sirve para reforzarla, impidiendo que las mujeres ejerzan sus derechos y libertades en pie de igualdad con los hombres (3).

Se trata de una realidad que afecta profundamente a las y los periodistas, que han incorporado la escala de valores y pautas culturales que sustentan el modelo discriminatorio y desigual de la sociedad, y que han aprendido sus habilidades en ese contexto educativo. Por ello, es imposible pensar que estas experiencias no tamicen su interpretación de los hechos.

(1) El monitoreo de los casos de violencia registrados en medios de comunicación impresos y online se desarrolló de enero a diciembre de 2008. Los medios monitoreados sistemáticamente son: Clarín, La Nación, Página 12, Crónica, La Gaceta (Tucumán), Los Andes (Mendoza), La Voz del Interior (Córdoba), El Diario de la República (San Luis), El Periódico Austral (Santa Cruz), Nuevo Diario (Santiago del Estero) y Diario Norte (Chaco). Además, de manera puntual se han monitoreado otros medios impresos y online.

(2) Texto completo: http://www.oas.org/juridico/spanish/Tratados/a-61.html

(3) “Violencia doméstica, un problema de Estado”-Amnistía Internacional. http://www.amnesty.org.ar/sites/default/files/mat_y_doc_informe_mujer.pdf

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